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Por Yecid Ríos

El siguiente texto corresponde al Capítulo de nuestra autoría Publicado inicialmente en: Manual de Edición, Guía para Estos Tiempos Revueltos (Manuel Gil, Martín Gómez y Yecid Ríos), CERLALC, 2016.

En su actividad, el editor tiene que relacionarse con diferentes actores: autores, traductores, ilustradores, diseñadores, impresores, libreros, plataformas tecnológicas, distribuidores, etc. Esas relaciones tienen unas reglas de juego que se traducen en contratos, acuerdos de voluntades que generan obligaciones vinculantes y exigibles para cada una de las partes que intervienen o intervinientes. De ahí que se diga que los contratos son ley para las partes. Hoy en día, la actividad del editor es cada vez más compleja como resultado de los cambios que han traído las tecnologías de la información y las comunicaciones en la creación, edición, producción, distribución y consumo del libro. Actualmente, se habla mucho de nuevos modelos de negocio en el sector editorial, a los cuales vienen aparejados múltiples y sofisticados tipos contractuales, en los que se suele incluir una serie de cláusulas, que parecieran hacer aún más compleja la labor del editor.

A lo anterior se suma que, en la práctica, el editor ha de enfrentarse a contratos que muchas veces no se encuentran regulados detalladamente en la ley —lo que en derecho se conoce como contratos atípicos porque no tienen una regulación especial— e innominados —debido a que no existe una norma que señale el nombre del contrato—. Contratos que son producto de prácticas y costumbres propias de la industria que constituyen la base y el marco de acción dentro del cual los contratantes pueden pactar las condiciones de cada acuerdo en particular. De ahí la importancia de entender sus principios básicos.

En este capítulo, queremos, justamente, abordar los elementos básicos del derecho de autor y de los contratos. Pretendemos aportar herramientas para que el lector pueda tener unas nociones básicas que le permitan aproximarse y tener un criterio propio en la contratación de derechos de autor en el ámbito editorial. Por más complejo y sofisticado que pueda llegar a ser el contenido de un contrato, una buena forma para entenderlos es volver a los aspectos básicos del derecho de autor para luego verificar en qué medida y de qué forma dichos aspectos se reconocen y aplican en el texto contractual.

No nos vamos a limitar a analizar el contrato de edición —sin duda, el contrato más importante en la labor del editor, además del más ampliamente regulado en las leyes nacionales—, pero tan sólo uno de los diferentes acuerdos que debe realizar dentro de sus actividades. En el presente capítulo, cuando hablamos de contratos editoriales nos referimos a aquellos acuerdos que realiza el editor con el objeto de producir libros o de distribuirlos, que estén vinculados con la negociación de derechos de autor. Se excluyen, por tanto, aquellos contratos que quedan por fuera de este marco conceptual, como podrían ser los de orden laboral con el personal de la editorial, los de impresión, de desarrollo de software, de diseño y producción digital, de mercadeo, de administración y gestión de las redes sociales, etc.

Asimismo, debemos aclarar que cuando en la definición de contrato editorial nos referimos a libro, no limitada al ejemplar físico. Seguimos, en este caso, la definición ofrece la Ley modelo del libro, publicada por el CERLALC en 2013, donde se define como “toda obra unitaria, publicada en uno o varios volúmenes, tomos o fascículos, compuesta de material verbal o material gráfico, con un título, publicada en cualquier soporte y susceptible de lectura””[1]. Esta aclaración resulta importante porque entender el libro desde una perspectiva amplia supone concebir al editor no sólo como un mero productor de bienes tangibles, sino también como un proveedor de servicios de acceso a la lectura. Este rol tendrá unas implicaciones trascendentales en los modelos de negocio de una editorial y, por tanto, en los contratos que los regulan.

En los contratos editoriales, las partes serán todos aquellos actores de la cadena de valor del libro con quienes el editor deba entenderse en las etapas de producción y distribución del libro: autores (escritores, ilustradores, traductores, fotógrafos, diseñadores), editores, herederos de los autores, titulares de derechos de autor, libreros, bibliotecas, distribuidores, plataformas digitales, agregadores e inclusive los propios lectores.

Dependiendo del sujeto con el que se contrate, el editor realizará diferentes tipos de contrato, tal como puede verse en la siguiente gráfica:

 

Gráfico 1. El editor, los actores de la cadena del libro y los contratos editoriales

 

Contratos editoriales

Con fines didácticos, vamos a clasificar los contratos editoriales en dos grupos. De un lado, están los contratos que el editor requiere para obtener la licencia o la titularidad de los derechos de las obras que se editarán. Por otro, los contratos que el editor realiza para la distribución de las obras. En otras palabras, la clasificación que se propone corresponde a dos momentos: los contratos realizados por el editor antes de la producción del libro y los celebrados después de producirlos. A los primeros los llamaremos contratos de apropiación de derechos; a los segundos, contratos de disposición de derechos.

[1] Artículo 4 [10] del Modelo de Ley para el Fomento de la Lectura, El Libro y las Bibliotecas. CERLALC, junio de 2011, disponible en: http://cerlalc.org/wp-content/uploads/2013/03/Modelo_Ley.pdf

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